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5 ene 2020

El 5 de enero hay que dormir...

... si no los Reyes Magos no van a venir. [*]

Los Reyes Magos, o... bueno... o AMAZON:



Es una pena que esto del Día de Reyes sea algo totalmente imprevisible y que no se pueda planificar con tiempo, ¿verdad? Menos mal que tenemos a estos angelitos, los auténticos Magos que todo lo imposible lo pueden (¡ninguna barrera laboral o moral les frene!), para atender a esta necesidad imperiosa y vital que es recibir un pedido a las 23:59 de un domingo 5 de enero. ¡Han salvado la Navidad! ¡Navidad PRIME!

No voy a ir de listillo porque practicamente todos los años yo mismo picoteo algo a última hora. El tema de los rezagados es practicamente una institución en estas fechas y reconozco que me divierte bastante ver a auténticos desesperados arañar las sobras que han dejado otros (con todos esos empaquetados golpeados y rotos y echando al saco cualquier cosa cuyo estado no evidencie haber pasado por el Apocalipsis Nuclear de las Compras Compulsivas). Menos me divierte ver esas colas kilométricas y los centros comerciales a colapsar mientras pagan estas ocurrencias de última hora los de siempre. Porque hoy abren hasta horas (mas o menos) intempestivas mi tienda de cómics habitual, la droguería del barrio, las cuatro papelerías que quedan en pie, por descontado las grandes superficies e incluso abriría el videoclub si existiera.

Es evidente que aquí hay nicho de mercado/oportunidad de negocio/dinerito fresco por lo que, oye, hay que aprovecharlo, que además el Día de Reyes es festivo, así que pueeeeeeeeeede estirarse un poco el tema este de los horarios por [insertar-argumentación-neoliberal] y para hacer frente a lo que sólo puede calificarse como una NECESIDAD SOCIAL. Vale. Yo también lo compro, ya os he dicho que considero esto una tradición tan arraigada en nuestro acervo cultural como ir a la Cabalgata. 

Lo que no debería sorprenderme es que al olor de la sangre vengan los tiburones. ¿Qué va a hacer Amazon mas que crearnos otra necesidad totalmente artificial pero que dentro de poco nos parecerá imprescindible? El tema de las entregas a las 23:59:59 (¿se romperá la magia de la Navidad, cual hechizo de Cenicienta, si entregan después de las 00:00:00?) un 5 de enero, domingo este año, con practicamente todas las ciudades y pueblos del país con calles cortadas y restricciones de tráfico por las Cabalgatas desde las 17:00/18:00 y hasta que toque, me ha parecido una de las cosas más desproporcionadas que se han sacado de la manga. Pero lo hacen porque pueden forzar los (ya forzadísimos) límites y porque tienen mucho que ganar si los consumidores vuelven a caer en sus redes con sus cantos de sirena en forma de descuentos premium, entregas garantizadas por notario y los brilli-brillis diversos a los que habitúan.

Me gustaría ser un poco mas consecuente con mis actos porque, caretas fuera, la verdad es que durante el año pasado he tirado mucho de Amazon. Me ha permitido enviar regalos de forma muy cómoda a un amigo que vive en Estados Unidos. He podido conseguir cosas que aquí no han llegado todavía (y que dudo que lo hagan). Demonios: he visto mis dos series favoritas del año pasado gracias a ellos (Buenos Presagios y The Boys). Y... ehm... tengo un Alexa y escucho música... y eso... (...y me escucha a mi quejarme todo el día de que cada vez tenemos menos control con nuestra privacidad porque no hemos sabido poner límites a las comodidades que nos ha generado este sistema y que aceptamos mansamente y de buen grado y que por ello vamos a terminar viviendo en el subsuelo bajo el yugo de las máquinas...). Como veis, poco crédito puedo tener, pero al menos estoy aprovechando los momentos previos a la Cabalgata para escribir unas líneas por aquí y no para las compras innecesarias y de última hora (que he hecho otros años, sí). No se dónde están los límites ni esas líneas rojas que tiene que fijarse cada uno, pero eso de que el repartidor se vaya a cruzar en el ascensor con Melchor, Gaspar y Baltasar a mí al menos me da una ligera idea.

Espero que hayáis sido buenos y os traigan muchas cosas. Y si os las trae Amazon antes de medianoche, espero que las cajas y empaquetados estén golpeados y en el estado lamentable que sin duda merecéis. ¡Hmpf!

25 ene 2019

Épica del Sufrimiento Ajeno (*en directo)

 
Muchas veces pienso en cómo soportaría la presión si me viera afectado por una desgracia mediática. Supongo que estaría lo suficientemente hundido en las circunstancias como para preocuparme en esos momentos de todos los miserables que empiezan a rodearme para sacar rédito a costa de mi dolor. Es un escenario tan terrible y a su vez tan habitual, tan cíclico (parece que tuviera que existir una desgracia mediática por trimestre, como si fuera un cupo) que me sorprende el afán de superación que tienen nuestros maravillosos medios de comunicación en descender a las cloacas del morbo más asqueroso. Desgraciadamente vivimos en la era del clickbait (que es al morbo lo que la heroína a un yonki), de la información a medias y a cualquier precio, del posicionamiento mediático por encima de todo. Nada va a cambiar, la pornografía de la miseria va a ser cada vez más dura.

Porque, encima, esto viene de atrás, de tradiciones y costumbres muy arraigadas y completamente asimiladas por todos nosotros. La explotación de la miseria cuenta con un histórico muy consolidado y una relación "respeto a los afectados" vs. "beneficio empresarial" totalmente descompensada.

Ser víctima de una desgracia mediática en este país tiene ese doble castigo. Hemos aprendido muy poco desde el vertedero informativo que fue Alcasser, la proto-desgracia ascendida a mediática que ejerció de campo de pruebas sobre los límites del morbo y el dolor en el ámbito de la comunicación de masas (con los resultados que disfrutamos hoy en día). Hemos aprendido muy poco nosotros, como sociedad, porque los que sí han aprendido perfectamente a mercantilizar la miseria y el sufrimiento han sido los medios de comunicación. Da igual que sea una violación múltiple, un asesinato o que se caiga un niño a un pozo; en cuanto la desgracia adquiera el grado de mediática (y hay muchos intereses para que así sea) el morbo más asqueroso va a inundar la supuesta cobertura de los hechos. 

Me han molestado muchas cosas estos días sin estar especialmente pendiente del caso. Que es realmente lo que quieren: que estés pendiente en tiempo real, al minuto, que el hashtag que propongan sea el elegido sobre el resto de la competencia, que retuitees cualquier-contenido-que-vayan-generado-al-respecto. Y esto último es veneno puro, la droga con la que quieren engancharte y que tienen que elaborar como sea: ¿qué contenido puedes crear con este “rescate” que no tiene (o no tenía) una fecha de fin clara? Puedes perseguir a la familia en busca de testimonio, invadir su intimidad hasta conseguir el titular, construir teorías de la conspiración antes de que el caso finalice, crear infografías explicativas para marujas y marujos, ponerle un altavoz a supuestos expertos-de-lo-sea, tirar de los opinadores-de-todo que tienes en nómina… Para empaquetar todo este humo que no es real, que no tiene base ni contenido, y poder ofrecerlo a todos esos adictos enfermizos al morbo que has generado.

El tipo de bajeza moral y sin escrúpulo alguno que te lleva a esta pocilga. Pequeñísimo muestrario de los horrores (vía La Guerra de los Medios):

- Ventanas en directo incrustadas en la programación en Prime Time:

https://twitter.com/GuerraDeMedios/status/1088558082878328832

Como si fuera la Fórmula 1 cuando se da paso a la publicidad. Como si fuéramos a pestañear y nos perdiéramos el adelantamiento. Si es sangrante que la incrusten en cualquier programa más me impactó verlas en el informativo del pasado domingo (quién me mandaría a mí echarle un vistazo), cuando ya se había dicho que las labores de rescate se retrasarían hasta, mínimo, un par de días después. ¿Cuál era el objeto informativo en ese preciso momento? Por no hablar que todos sabemos a que nos lleva esa ventana realmente: a tener un acceso al dolor en crudo directo.  

 - Supuestas coberturas informativas, para nada desmedidas:

https://twitter.com/marcgabernet/status/1088578871581118464

Claro que sí. Que no quede ningún foco de sufrimiento sin su cobertura al detalle. ¿Se puede dar más asco?


Desgraciadamente todo esto es lo habitual en este tipo de casos. Nada de lo que he detallado más arriba debería sorprender a nadie porque se han seguido las pautas ya establecidas; el particular Manual de Estilo de Despiece Carroñero al dedillo. Nada… excepto una cosa: el manejo de tiempos en este caso esta siendo calculadamente peculiar. Puesto que no estamos hablando de una desaparición (dónde, evidentemente, no puede fijarse un único foco informativo... ni unos tiempo de resolución) el morbo absoluto reside en el momento en el que se encuentre al niño. Al principio, y viendo los retrasos del operativo, el relato se alimentaba de ese humo que os hablaba unas líneas más arriba. Relleno insustancial engordado con dolor ajeno mientras se prepara el guión del previsible desenlace. Mientras nos vamos acercando a la conclusión de la primera parte, el encuentro, la cúspide de esta tragedia y su punto de inflexión. El minuto de oro bañado en sangre que cualquier medio quiere obtener para sí.

Posiblemente lo que más me ha molestado en esta ocasión es cómo progresivamente se ha ido construyendo una falsa épica en torno a esta desgracia. La frialdad y la lógica nos impulsan a pensar en lo evidente del desenlace, aunque por múltiples motivos (corrección, respeto, sentido común) no queramos invocar ese pensamiento. El problema añadido es que todo esto lo saben bien los narradores de la historia, esa panda de miserables que han conseguido que el morbo cruce un nuevo límite: en los momentos previos a que se encuentre al niño están invocando al milagro con especial ahínco, disponiendo los elementos para dotar de tensión, nervio e inquietud al momento del encuentro. Han prostituido el espíritu de la esperanza colectiva para que la catarsis final de las emociones nos estalle en la cara.

Preparaos para la segunda parte.


26 nov 2018

No puedes vencer a Amazon (2/2)

Ya conoce usted la alegoría, astuto lector.

2017.- Primer curso escolar de la pequeña N. Me hubiera encantado comprarle sus primeros libros del cole en la librería dónde mis padres me los compraban a mí. Pero cerró hace bastantes años, como tantas otras tiendas del barrio. Entre eso y que se me echó el tiempo encima, los compré en Amazon.

Amazon ofrece un servicio de compra de libros escolares alucinante. Cuando empieza la campaña habilitan una página en la que simplemente tienes que introducir el nombre del colegio de tu hijo y el curso y, TACHÁN: el listado de libros aparece automaticamente. Con dos clicks de ratón, literales, tienes todos sus libros en el carrito. Al mejor precio del mercado y con una velocidad supersónica de envío (en mi caso los tuve en menos de 24 horas en casa).

Impecable, la perfección hecha compra. Uno de los mejores servicios que he probado en mi vida. Encima el paquete de libros vino repleto de toneladas de descuentos y chucherías adicionales de todo tipo.

¿He dicho ya que era, con diferencia, el mejor precio del mercado?

...

Era brujería, algo contranatura. Me arrepentí mucho de haberlo hecho y dije que una y no más.

2018.- Segundo curso escolar de la pequeña N. El mismo día de la recogida de notas fui con el listado de libros en papel que me habían dado a la librería más cercana al colegio. Bastantes padres tuvieron la misma idea y pasé la mañana (que me había cogido libre en el trabajo) haciendo cola. Recogida del listado por parte de la librera, anotación manual en el ordenador, anotación manual en una libreta de pedidos, pago de señal por mi parte, copia de factura y resguardo y post-it recordatorio: llame usted en dos semanas que tienen que estar los libros.

Pasadas dos semanas pude ir a recoger unos. Pasadas otras dos, otros. Y un último rezagado había tenido problemas de distribución y no llegó hasta practicamente el día antes de empezar el curso. La editorial parecía no dar mayor explicación y tocó esperar.

Llamé muchas veces a la librería durante el verano y fuí otras tantas. Hablé con otros padres: El Corte Inglés y Carrefour tenían el libro de marras, el que se hacía de rogar. Curiosamente Amazon no, pero tenían una fecha de entrega que garantizaba que iba a estar antes del comienzo de curso (de no estarlo supongo que ejecutarían a algún currito en sacrificio ritual como contraprestación Prime). La librería no estaba en condiciones de garantizar nada porque la editorial tampoco es que se pronunciara al respecto, pero me tranquilizaron diciendo que en alguna ocasión tardaban pero que seguramente estaría al empezar el curso. Como lo estuvo.


Soy una persona extremadamente quejica y tiquismiquis con-practicamente-cualquier-cosa pero quisiera remarcar algo de esta pequeña historia: no me ha molestado nada especialmente de lo que os he contado. Ni hacer cola. Ni tener que estar pendiente yo de llamar para ver si tenían los libros. Ni los diversos viajes a la libreria. Ni los retrasos. Nunca dudé que tuvieran el libro que faltaba antes del curso y, de no haber estado, tampoco hubiera pasado nada. Ni tan siquiera me ha molestado pagar más, que es algo totalmente ilógico lo mires por dónde lo mires porque los libros, en sí, son exactamente los mismos.

El próximo curso volveré a encargar los libros en la misma librería. Si sigue abierta, que vete tú a saber. Esta historia es muy pequeñita, una completa chorrada si queréis pero la diferencia de experiencias que he tenido comparando las dos compras es abismal y llevaba un tiempo queriendo contarlo. Es imposible pedirle a nadie que renuncie a los cantos de sirena de un Amazon cualquiera vistas las circunstancias, así que si le tenéis algún tipo de cariño a alguna tienda de vuestro barrio (y aquí seguramente sume puntos el factor nostalgia más que otra cosa), atesorad la experiencia, disfrutadla mientras sorteais todos esos inconvenientes del primer mundo que os he listado ("¡es que encima he tenido que llamar yo para ver si tenían los libros!"), porque es un concepto herido de muerte y, lo que es peor, sin razón de existencia. Un Japón de cartón piedra desmoronándose ante los avances del monstruo indestructible.

23 nov 2018

No puedes vencer a Amazon (1/2)

Amazon y el pequeño comercio [DRAMATIZACIÓN]

Black Friday 2018. Estarás, querido lector, en cualquier otro sitio menos aquí y oye, que muy bien, que las ofertas y el ahorrar y el yo no soy tontismo. ¿Quién quiere dar duros a pesetas? Si yo mismo acabo estas cuatro líneas y me pongo a revisar carritos-de-tiendas-online-petados-de-cosas para ver si ahorro unos euros en cosas que no necesito (pero que quiero ¡qué demonios!). La mayoría de proclamas anticonsumistas que leo estos días son correctas en la base, son necesarias, pero también caen en el moralismo, en el clasismo incluso. En la era del postureo las etiquetas de consumo responsable y apoyo al comercio local lucen de miedo detrás de la almohadilla (#) de turno. "Yo compró en el mercado del barrio y por eso soy mejor que tú, insensible, que compras en las Grandes Superficies… y POR TU CULPA VAMOS A MORIR TODOS!!!” y quizá no te falte razón pero, sosiega, cazador de likes.

Porque nada de esto está mal pero no hay que olvidar que el Sistema™ no deja cabos sueltos. No hay espacios libres de contagio en tanto que mientras te cagas en [INSERTE EMPRESA ULTRACAPITALISTA E HIJADEPUTA AQUÍ], poniéndoles una queja en su página web (“oh!”) o lanzando un tweet incendiario (“whoah!”), lo estas haciendo desde el iPhone que te compraste en el Black Friday del año anterior. ¿Hasta qué punto nos tomamos en serio la denuncia? Es un círculo vicioso y perverso en el que todas las alternativas son malas en mayor o menor medida, así que cuidado con lo de la paja en el ojo ajeno y demás porque todo depende de dónde establezcas las líneas rojas.

En mi caso personal me resulta cada vez más complicado lidiar con Amazon. Es, como digo, una decisión personal: no estoy en posición de juzgar a nadie porque consumo otros servicios o productos con compañías similares y seguramente estaré contribuyendo a destruir el pequeño comercio local, deforestación, invasiones interplanetarias, etc. Todas las cosas que, con razón, me queráis echar en cara. A veces soy más consciente del daño que hago como consumidor y otras menos pero: aquí están mis líneas rojas: no puedo empatizar con este mastodonte que fuerza al límite las reglas del juego capitalista y que ahora (encima) lo hace en la puerta de mi casa como quien dice. La ocurrencia que han tenido para este Black Friday ha sido demencial: resulta que ante la convocatoria de huelga en el almacén de San Fernando de Henares han solicitado que se persone la Policia Nacional dentro de los almacenes para impedir que los trabajadores hagan huelga.


¡Se sienten, coño!


Es una historia alucinante la mires por dónde la mires: me hace bastante gracia el brainstorming que se tienen que traer en las oficinas de Seattle para ver cómo lidian con estos españolitos que les han salido tan rebeldes. Lo próximo será el ejército, supongo. Que se lleguen a plantear hacer este tipo de peticiones (y si cuela, cuela) roza el delirio pero nos da una información muy valiosa de lo que les importa el tejido productivo y las condiciones laborales de los países en los que montan sus sedes. ¡Luego nos quejaremos de que trasladen la producción a Bangladesh!

No obstante, circulen, que aquí no va a pasar nada. Porque no puedes vencer a Amazon, ni este Black Friday ni nunca. Y aquí me dejo un asterisco para continuar este post el lunes que viene (con una historia muy pequeñita: no quiero generar expectativas a nadie).

Que ustedes lo compren bien.

11 oct 2017

No opinion

El (alguna vez conocido como) Señor Perla, tipo con más criterio del que se encargaba de pregonar, me ha servido de inspiración en incontables ocasiones. Grandísimo compañero de fatigas y poseedor de un flow incomensurable, tiene la que posiblemente sea mi camiseta favorita de la historia. Esta:



No opinion. Lema al que me aferro como un clavo ardiendo en tiempos convulsos. Porque quiero pero no quiero hablar de Cataluña, tema que me tiene horrorizado y saturado a partes iguales. De esto último tengo que entonar el mea culpa: menos inmersión en redes sociales me hubiera venido realmente bien estos días, pero parece que no aprendo. Llevo como dos semanas picoteando compulsivamente en mi Facebook y en Twitter con la fascinación del que contempla un accidente de tráfico. Repugnado por una parte pero sin poder apartar la vista del desastre que tengo delante de mis narices.

Me ha resultado bastante liberador continuar con el perfil que he adoptado en redes sociales, básicamente un 100% de cotilleo extremo y un 0% de interacción. No tener la necesidad de dar mi visión de las cosas o posicionarme, algo que, a la vista de todo el ruido que me rodea, parece un peaje obligatorio para el uso de cualquier red social. No se cómo lo hubiera afrontado de haber sido un usuario más activo en los últimos tiempos (¿me habría arrastrado la inercia?) pero me ha resultado muy cómodo agarrar el paquete de palomitas y sentarme a leer este fanfiction demencial en el que se ha convertido todo esto del Procés.

Me siguen sorprendiendo todos esos Expertos que salen hasta debajo de las piedras (¡cuánto talento desperdiciado!). Tenemos de todo como en botica, Expertos en Historia de España, de Cataluña, en Derecho Constitucional, en Mediación Internacional y Arbitraje, en Legislación de todo tipo habida y por haber... Opinadores oficiales del Reino (del que sea) para todos los gustos y colores. Los envidio casi tanto como a esos exaltados que lo tienen todo clarísimo y pueden posicionarse en blanco o negro sin problema alguno. O enarbolar ese objeto de postureo nivel extremo que cruza las barreras de lo virtual para etiquetarte en el Mundo Real™: la bandera. Ojala encontrar calidez envuelto en una de esas banderolas estándar del chino en vez de pensar que son símbolos secuestrados, dirigidos, aleccionados, interesados y cargados de inquina dependiendo del ojo que los mire.

Desgraciadamente me muevo en una escala de grises, que pienso que es una posición difícil de argumentar porque te viene a dejar en medio de ninguna parte. Y desperdiciar tiempo bajando al barro del combate dialéctico y el postureo tampoco veo que me vaya a compensar mucho. Ni a mí ni a nadie porque, falsas modestias aparte, el hecho objetivo es que fuera de mi (reducido) círculo vital  mi opinión no tiene ninguna importancia.

20 ago 2017

La sensibilidad herida



Y, de nuevo, la realidad se cuela en la programación de la página. Me resulta muy complicado no hablar del atentado yihadista en Barcelona, ciudad a la que tengo un cariño tremendo y con la que me siento especialmente conectado. Mundo Alocado vive muy cómodamente con sus visitillas diarias, no hay necesidad alguna de clickbait, y aun así aquí estoy juntando letras por alguna especie de compulsión, porque esto no puedo ignorarlo de ninguna de las maneras. Ya han pasado unos días y, mientras que me siento horrorizado (pero nada sorprendido) por los acontecimientos, pienso en mi relación con las redes sociales. Desde el inicio de la tragedia me permiten estar informado al minuto: mi familia y amigos están bien, y sólo por confirmarme eso han cumplido una función esencial. Por cosas como ese servicio vale la pena mantener mis perfiles en Facebook o Twitter. O, visto de otra manera, esa utilidad hace que me sienta obligado a mantenerlos y me crea una dependencia difícil de superar.

A partir de ahí, el resto es ruido, furia, caos y morbo. Me veo rodeado de opinadores-de-todo, expertos (a posteriori) tanto en terrorismo yihadista y política como en analizar el postureo ajeno y lo que cada uno hace o deja de hacer. Distintos tipos de usuarios desesperados por la misma ración de casito, algo que no puedo cuestionar especialmente porque, quizá, mi ración de casito sea escribir este tipo de reflexiones en este blog. Cada uno canaliza su dolor, o lo que tenga que canalizar, como quiere o entiende que está bien o como le da la gana. Personalmente, y por poner un ejemplo, el tema de las banderitas de Facebook me parece un tanto absurdo, pero tampoco creo que tenga que ser objeto de tanto cuestionamiento. Es una puñetera reacción en un momento muy difícil. Que todo el postureo sea ese.

Todo sigue el guión establecido en este tipo de desgracias, con sus hashtags, esas banderitas en el estado de Facebook que ya he comentado, la asquerosa moralina low-cost de los que sólo se acuerdan de Oriente cuando pasa algo por aquí y miles de héroes salvapatrias desde el sofá de su casa. En este caldo de cultivo el odio campa a sus anchas y saca pecho; se aferra como una garrapata al dolor y al daño ya provocado para hacerse grande, expandirse. Con los cadáveres todavía esparcidos por la vía el pueblo llano se revuelca en estas miserias, mientras que los medios de información difunden un bulo tras otro, dificultan la investigación oficial con sus ansias de (des)informar en tiempo real y se lanzan con ansiedad a por la carroña. No por ser esto último poco, o nada, sorprendente, me deja de dar asco. Y nos queda afrontar un monstruo todavía más repugnante y del que ya hemos visto algunos tentáculos a modo de previa: la instrumentalización política de la tragedia.

Todo esto pica y escuece (siempre), pero esta vez querría deternerme en los niveles de morbo asquerosos a los que me he visto expuesto. A los pocos minutos del atropello mi Whatsapp bullía con videos y fotos de la catástrofe, como si tuviera que mirar a las tripas del terror (de forma literal) para ser consciente de lo que ha pasado. En las siguientes horas la tónica de la mayoría de los medios de comunicación será la pornografía: las imágenes de personas destripadas y niños muertos en primer plano. ¿Cuál es el objetivo informativo de esto? ¿Que sepa el tipo de alimañas que han perpetrado esto (noticias frescas: no tenía ni idea de su maldad...) o que me paralicen el horror y el miedo?

ADVERTENCIA: las siguientes imágenes pueden herir su sensibilidad; el mantra previo a la emisión de la carnicería desde todos los ángulos posibles, mientras los reporteros desplazados a la zona rapiñan la capitalización del dolor a cualquier precio. El debate sobre mostrar estas imágenes o no es complicado, pero mi problema no es la sensibilidad, no es mirar para otro lado o ignorar la realidad. La sensibilidad ya la tengo herida porque vivimos en un mundo asqueroso en el que no creo que ayude nada recrearnos en las vísceras y el sufrimiento ajeno de inocentes. Me parece una falta de respeto a las víctimas grandísima pero, peor todavía, me parece que es entrar de lleno en el juego de los terroristas: si consiguen que vivamos horrorizados, que el odio nos consuma, que cambiemos nuestras vidas, han ganado.

Lamentablemente, tengo los ánimos muy bajos por el atentado, estoy triste y dolido y me molesta estar triste y dolido por el mero hecho de que es lo que quieren esos desgraciados. Aparte, se que las redes sociales no son sólo lo que he descrito y que los medios de comunicación tampoco, es mi percepción personal. Son instrumentos y, como tales, dependen del uso que se les dé, pero durante estos días me ha costado ver lo bueno que pueden aportar. Creo que merece la pena hacer un esfuerzo, porque hay historias maravillosas en torno a esta desgracia que también sacan lo mejor de nosotros, que me dan esperanza, que me dan una idea de como plantar cara al terror. Mientras escribo estas líneas con mi teclado bluetooth de los Pokemon (mi kit de escritura de emergencia, ya hablaré de ello otro día), mi hija de tres años no para de reclamar mi atención. Al final, quizá todo consista en dar su ración de casito a quien sí lo merece.

6 jun 2017

Don't Look Back In Anger (Chris Martin y Ariana Grande - One Love Manchester, 2017)

Creo que no resolveré nunca el problema que tengo con las redes sociales porque no puedo con el postureo. Con la sobredosis del postureo, mejor dicho. Esa necesidad de construirte un personaje y que se sepa bien claro qué haces, cómo lo haces, cuándo lo haces. Tu opinión por encima de todas las cosas, que el mundo sepa lo que piensas sobre todos los temas posibles y en todo momento. Como si fuera necesario. Mientras te cuelgas una etiqueta, y otra y otra y otra hasta quedar sepultado bajo ellas. Un hashtag, una banderita, cambiar la foto de perfil o lo que toque en ese momento. Ponérsela o criticar a los que lo hacen, pero quedar clasificado en alguna categoría.

Es terrible enfrentarse a desgracias como el atentado de Manchester y que cosas como el respeto a las víctimas queden en un segundo plano ante este festival del EGO. Personalmente, tampoco se cómo reaccionar ante estos eventos. Me entristecen, me cabrean, me preocupan. De la forma más hipócrita e interesada, sí: pienso que un atentado en Francia o Londres me cae demasiado cerca como para que no pueda pasarme y las probabilidades de que conozca a gente que esté por allí en esos momentos, y no en Siria, son mucho más altas. Pero jamás se me ocurriría señalar con el dedo a nadie, acusarle de menospreciar a otras víctimas, cuestionar la intencionalidad de lo que quiera que haga en el escaparate virtual que haya elegido para anunciarse. Enfrentarme al postureo ajeno con el mío propio, con la superioridad moral que me da estar escribiendo estas líneas desde el sofá de mi casa.

Me gusta pensar en Mundo Alocado como un bunker mental que me he montado para refugiarme de este tipo de cosas pero es difícil que no te salpiquen. El Mundo Real™ no va a cambiar por seguir un hashtag, cantar una canción o poner flores en ningún sitio. Ya tengo lo mío con mis niveles de cinismo, gracias por recordar lo obvio. Pero a veces hay gestos que me dan cierta calma que, simplemente, me parecen bonitos. Como cuando en uno de los minutos de silencio por las víctimas de Manchester la gente se lanzó a corear el mítico Don't look back in anger de Oasis. Es una de mis canciones favoritas de todos los tiempos, no había mejor lugar posible para invocarla que su ciudad natal y me pareció un momento mágico. Quien iba a decirle a Noel Gallagher que emplear, precisamente, el inicio de Imagine en esa canción iba a adquirir un significado tan poderoso.

Me gusta hablar de la cultura popular, de cómo conecta nuestras vidas, de cómo está presente en todo lo que hacemos. Me encantan las covers, los guiños y las referencias. Y pocos momentos tan metareferenciales vamos a  ver este año como a Chris Martin y Ariana Grande recogiendo ese sentir y versionando la canción:

31 may 2017

covfefe is my MK Ultra safeword

 
Tengo una relación muy complicada con la mayoría de redes sociales pero sobretodo con Twitter. Es un amor-odio prácticamente bipolar, a veces paso horas entre tontunas, memes y troleos diversos y otras me parece un invento del demonio al que prendería fuego. Creo que es porque soy un carcamal por una parte (35 años en el momento que estoy aporreando las teclas) y porque no la entiendo por otra. ¡Que es culpa mía, oigan! Que ya me lo haré mirar y eso pero que it’s my blog and I’ll cry if I want to y también me gusta contar penurias por aquí.

Quizá mi problema sea que me sorprende su alcance, que sea una herramienta tan poderosa donde cualquier tontería adquiere una viralidad absurda. Este altavoz gigantesco es como darle un bidón y una lata de gasolina a los Trolls, y si hablamos de Pro Trolls (concepto que he descubierto hoy mismo) la cosa adquiere tintes apocalípticos:
 

Resumen rápido para los que vivan debajo de una piedra o nos visiten desde el futuro: Donald Trump tuitea a media noche lo que acabáis de ver en la imagen y (dentro la expresión-que-mas-odio-de-la-historia-de-la-humanidad) incendia Twitter. Las reacciones son diversas pero, para variar, masivas. El tweet se analiza con precisión quirúrgica (la teoría seria mas aceptada es que quería escribir “coverage” y que se quedó dormido) y la riada de memes no se hace esperar. No os llevéis a engaño porque llevo horas riendo y perdiendo el tiempo entre hashtags y ocurrencias pero la cobertura (¿el covfefe?) de la noticia anécdota ha eclipsado cualquier asunto relacionado con este señor en el día de hoy. Y está bien el tema de las risas pero al final va a ser cierto lo del incendio porque no es que los árboles no dejen ver el bosque: es que es pasto de las llamas y la humareda forma una cortina de lo mas apañada

Imagino al Departamento de Crisis, Memes y Troleo de Trump preparando su siguiente ocurrencia con nocturnidad y alevosía. A golpe de chupito.

https://twitter.com/PresVillain/status/869904945130217473

Pres. Supervillain: cuentas de Twitter más grandes que la vida misma.


28 abr 2017

Final Girl


Es posible que el contenido que más me guste para Mundo Alocado sea cuando nuestra realidad se convierte en un capítulo de Black Mirror (algo que cada vez pasa con mayor facilidad) así que voy a darme el homenaje ahora que asomo la cabeza de nuevo por aquí. Hoy toca hablar de amoríos a primera vista en la era de lo viral, potenciales Jason Voorhees con piel de Romeo y una actualizada definición de acoso con filtro Instagram de unicornio. Vamos con la historia de terror de hoy.

28 dic 2016

Be Princess Leia in 2017

https://society6.com/leka#1=45


No tenemos ni idea de que tal ha sido el año para el reducido (mejor dicho: ¡exclusivo!) fandom de Mundo Alocado. Es cierto que en tanto a Cultura Popular (de lo que nos alimentamos en esta casa), desde David Bowie hasta George Michael y terminando (esperemos) con la mítica Carrie Fisher, ha sido bastante desastroso. La muerte de cualquier Icono Pop siempre deja un poso amargo, una sensación de extrañeza. Son personas, o personajes, cuyo arte nos acompaña con mas o menos intensidad durante determinadas etapas de nuestras vidas. Ponen la banda sonora a nuestros acontecimientos. Nos inspiran cuando más lo necesitamos. Se apuntalan a nuestros recuerdos. Muchas veces sin nuestro permiso, simplemente porque estan allí, bien presentes. Cada uno tiene sus vivencias particulares pero al Sr. Forfy lo primero que le vino a la cabeza cuando se hizo público que estas iban a ser las últimas navidades de George Michael es que su Older fue parte importante de la banda sonora del verano de 1996 (uno muy importante si preguntáis: el del paso del colegio al instituto). Puedes no ser muy fan de Wham!, estar harto del citado Last Christmas, no haber vuelto a escuchar ese Older... pero no puedes disociar ese recuerdo. Y desde aquí, que no tenemos la necesidad de presumir de nada en particular, no vamos a negar esa blandurriez mental en la que nos sume la nostalgia. Estamos acabando el año maldita sea, dejadnos hacer balance.

Si seguimos en el Mundo Real™ unos instantes y sumamos Brexit, Trump, Syria, la crisis de los refugiados, ataques terroristas, el cambio climático, el Apocalipsis Zombie y demás catastróficas desdichas nos queda un estado-de-las-cosas bastante chuchurrío. Y eso que no queremos entrar en las cosas que pasan por debajo del radar porque vivimos unos tiempos de shock y pavor por medio de las redes sociales que ni Black Mirror. "2016 worst year ever" es una tendencia de búsqueda en Google, de esa misma Google desde la que publicamos este flamante blog y que nos va a estrangular cualquier día de estos porque ya tiene el control total y absoluto de nuestras vidas. De las búsquedas que devuelve nos ha gustado esta, por cierto.

¿Alguna esperanza entonces? Mira que tampoco es que estemos en nuestro mejor momento pero hay una constante, una cosa que tenemos bien clara en Mundo Alocado: esa misma Cultura Popular de la que nos alimentamos y nos da la vida, es la que nos sacará a flote una y mil veces.


11 sept 2016

Who you gonna troll?

http://www.newyorker.com/cartoons/daily-cartoon-082516-leslie-jones

Marchando una de noticias frescas: vivimos tiempos de odio absoluto en la red. No pasa un solo día sin que nos estalle en la cara alguna historia terrible repleta de indeseables trolls de las cavernas. El ritmo es tal que a veces se producen coincidencias un tanto morbosas: la revista Time dedicó su editorial y portada de la semana pasada al tema y publicaba un articulo (How Trolls Are Ruining the Internet de Joel  Stein) en el que (evidentemente) se citaba el acoso y derribo al que ha sido sometida Leslie Jones… justo mientras se producía el ataque más virulento de los que ha venido sufriendo la actriz en los últimos tiempos. Los amantes de la Teoría de la Conspiración™ fruncimos el ceño: parece un viral de bastante mal gusto. Pero es tan sólo un ejemplo de lo complicado que es tratar la actualidad en un medio tradicional: el artículo original se publicó en la web el pasado 18 de agosto y en ese intervalo de tiempo hasta que salió impreso en la revista ya había quedado un tanto deslucido por los últimos acontecimientos. 

3 ene 2016

Haters gonna hate. Hoy: Star Wars Episodio VII


¡Por fin hemos visto el Episodio VII en esta santa casa! Después de sortear gran parte de los spoilers (que no todos) ya ha caido, y tenemos un veredicto que, a diferencia de otras ocasiones, no se anda con titubeos: la película nos ha gustado mucho. Tenemos alguna pega que otra pero son minucias que se diluyen en la impresión que nos ha dejado el resultado global.

De todas formas, ahora que accedemos sin miedo al torrencial de reseñas e impresiones diversas, nos está sorprendiendo cierta corriente de negatividad extrema que rodea a la película. Lo que nos ha llevado a plantearnos una vez más aquello de ¿por qué tanto odio?

10 nov 2015

Junta de accionistas


10 de noviembre, 1er cumpleaños de Mundo Alocado. El mejor momento para dar un repaso a lo que han dado de sí estos 365 días en la página y conocer parte de los entresijos de la misma. Autobombo, curiosidades, cacharreo diverso y conspiraciones variadas, tras el salto.

1 oct 2015

#piggate

Poster promocional del primer capítulo de Black Mirror: The National Anthem (2011)

Hay pocas cosas que nos gusten más en Mundo Alocado que esas ocasiones en las que las fronteras entre realidad y ficción desaparecen. O mejor dicho y viendo el caso del que hablamos hoy, saltan por los puñeteros aires. Hace unos días el Daily Mail se hacía eco de una historia fascinante relativa a los años de estudiante de David Cameron en la pijísima y exclusiva Universidad de Oxford. Como todo buen mandatario occidental que se precie, el ahora primer ministro británico formó parte una de esas hermandades salvajes con sus rituales locos de sexo, drogas y lo que se les pusiera a tiro. Parece ser que parte del ritual de iniciación de los angelitos del Flam Club (uno de ellos al menos, seguro que tienen más) pasaba por meter las partes pudendas en la boca de un cerdo muerto… y allá que fue Cameron a ganarse el acceso.

La hazaña está incluida en una biografía no autorizada firmada por la periodista Isabel Oakeshott y Michael Ashcroft; Lord, filántropo, ex vicepresidente del Partido Conservador y un tipo que se la tiene jurada a Cameron por el siempre divertido, oscuro y conspiranoico juego de las sillas político. Esta enemistad poco o nada velada y cierta indefinición en la fuente de la noticia (¡aunque parece existir una foto del gran momento!) deberían restarle credibilidad a lo que bien puede ser un HOAX de temporada pero es que, en esta ocasión, el índice de viralidad es inmenso por un motivo muy concreto: sin ánimo de hacer spoilers, la anécdota remite directamente al primer capítulo de la serie británica Black Mirror. A partir de aquí, la explosión de memes de todo pelaje con un transfondo un tanto inquietante: al imaginario popular no le preocupa mucho cuestionar la autenticidad de una historia de la que su protagonista/afectado no se va a pronunciar en ningún sentido (sería impagable ver a Cameron negando la mayor en una rueda de prensa).


La coincidencia “argumental y temática” es tan demencial que el propio Charlie Brooker, creador de la serie, ha tenido que hacer una serie de aclaraciones al respecto (los tweets que preceden estas líneas). Los paralelismos llegan incluso más allá porque el capítulo en cuestión planteaba una serie de cuestiones de fondo (la velocidad que adquiere todo lo viral, el ansía colectiva por agarrarse al clavo ardiendo de cualquier teoría de la conspiración…) que se están replicando de una manera tan similar en el caso actual que nos han producido una sensación un tanto particular. No se trata tanto del desasosiego y la incomodidad que dejaba el visionado de dicho capítulo porque si para algo da la gesta de Cameron es para el recochineo (valga la redundancia). Es más bien esa sospecha de que la fábula tecno-paranoide que ponía sobre la mesa el Sr. Brooker no anda muy desencaminada que digamos.

24 mar 2015

Feminism and Pop Culture (Andi Zeisler. Seal Studies. 2008)

 

Mientras me documentaba (un poco, tampoco exageremos) para elaborar los artículos relativos a la polémica con la Barbie ingeniera (#FeministHackerBarbie) y a la reciente obsesión por los culos en la cultura popular (a$$quake) me sorprendió un patrón común que encontré en bastantes artículos relativos a feminismo en su vertiente más pop. Daba por sentado que iba a toparme con la eterna controversia que surge a la hora de interpretar el término y aun así me chocó comprobar como determinadas personalidades (divas de pop-chicle mayoritariamene) hacían especial hincapié en declararse afines a la causa. Me llamó mucho la atención cómo se vanagloriaban expresamente por ello, cómo se afanaban en etiquetarse así en lo que parecía ser más una tendencia de temporada que una convicción de fondo. Quizá sea un debate que se me escapa pero no creo que lo que hacen actualmente Nicky Minaj o Miley Cirus suponga ninguna reivindicación o aporte al respecto pese a que intenten justificar sus "personajes" y modus operandi en el marco de una liberación femenina plagada de clichés. De hecho pienso que representan todo lo contrario: no hay nada más artificial ni prefabricado que una diva de pop-chicle. Ni más peligroso, ya que nos ponemos.

27 feb 2015

El Ministerio del Tiempo - El tiempo es el que es (RTVE, 2015)


Es curioso, y creo que bastante significativo, lo que me está costando hacer una pequeña reseña de El Ministerio del Tiempo. Me subí al carro de la serie en el último minuto porque me enteré de su existencia el mismo día de su estreno, este pasado martes. El argumento me resultó atractivo (como todo lo que contenga viajes en el tiempo), la producción parecía bastante sólida y mi búsqueda de información estaba desbordando mis expectativas. Como podéis ver, un coctel peligroso porque me iba a ser muy difícil enfocarla sin ideas preconcebidas. Recuerdo pocos casos de construcción de hype tan directo (literal), de tanta unanimidad para encumbrar a un producto nacional antes de su estreno. Me sorprendió también encontrar una etiqueta ya asignada a la serie que se repetía en múltiples artículos y que no me podía generar más desconfianza: “Doctor Who a la española”, algo que, tanto antes como después de ver el primer capítulo, me ha parecido un error innecesario. No sólo creo que no es el espejo en el que tiene que mirarse, también significa poner un listón imaginario que no le hace ningún favor. Y no estoy hablando de que las comparaciones sean odiosas y haya que esquivarlas: El Ministerio del Tiempo me ha parecido una serie con suficiente consistencia como para sostenerse por sí sola. Con unas intenciones y unos resultados que no necesitan ser respaldados, ni justificados, por asociación a otras producciones. Recurrir de entrada a este tipo de referentes comparativos, siempre hacia producciones extranjeras (tenemos otro ejemplo reciente: La isla mínima, "el True Detective a la española") es apelar a determinados complejos que lamentablemente parecen asociados a cualquier producto nacional.

22 dic 2014

¡NO es la libertad de expresión, estúpidos!



Sálvame, el contenedor mutante de basura humana que mantiene en marcha toda la maquinaria pestilente de Telecinco, despide el año encajando dos hostiazas finas. Esto es celebrado particularmente en Mundo Alocado que aplaude cualquier desgracia que le pase al programa de marras y a la cadena que lo alberga. En esta casa lo odiamos por muchas cosas pero, sobre todo, por ser el estandarte de esa tendencia moralmente repulsiva que es la de crear famosos sin ningún mérito o cualidad que son famosos por ser famosos [1]. Nos resulta un tanto surrealista contemplar como auténticos desechos humanos son elevados a los altares y a la omnipresencia de la cultura popular más abyecta; pero, en tanto hay otros idiotas (muchísimos) dispuestos a rendir culto religioso a esos ídolos de barro, respetamos la decisión de cada cual con respecto a cómo decida perder su tiempo libre.

21 dic 2014

Tenemos que hablar de Los Simpson


Termina 2014 y me entero casi de pasada que Los Simpson cumplen 25 años desde su primera emisión (17 de diciembre de 1989). Sentimientos encontradísimos con una serie que ha sido parte imprescindible de mi educación cultural pero que a día de hoy no puede producirme más pereza porque lleva como, no sé, ¿15 temporadas?, viviendo de las rentas. Acercarme a un episodio de Los Simpson actual me da rabia, me hace sentir viejo, contar batallitas, rememorar tiempos mejores. Nostalgia de la mala. No puedo negar que sigo picoteando de vez en cuando buscando algo de la gloria de antaño pero desanima salir escaldado tantas veces. Eso sí, me da igual ver mil veces alguno de mis episodios favoritos. Escribo estas líneas después de ver El Flameado de Moe (emitido en 1991) y sigo pensando que es absolutamente perfecto, un clásico que es oro puro.

Los Simpson son víctimas de una continuidad estancada que no permite que crezcan ni evolucionen. Esto es algo parecido a lo que pasa en el Universo Marvel o en DC con la salvedad de que el cómic es un medio mucho más ágil para ofrecer soluciones temporales u ocurrencias diversas que mantengan el interés. Sin embargo siguen sin encontrar una solución al problema base, la existencia de relevos efectivos (relevos generacionales) para sus buques insignia. No hay un relevo para el Spider-Man clásico como no hay un relevo para Batman, aunque de vez en cuando veamos alguna intentona que pasa con más pena que gloria porque parece ser que el espectador/lector quiere que las cosas cambien lo justo para que, al final, no cambien nada.

1 dic 2014

Un grupo de aficionados al balompié

 
No hace falta que rememore mucho los hechos porque el lector medio de Mundo Alocado (quien presupongo que es lector medio al menos) los tendrá bien presentes. Pero vamos allá: en 1994 un par de desquiciados asesinaron a sangre fría a un pobre hombre con la supuesta excusa de que representaba a la víctima de un juego de rol que se habían montado en sus perturbadas cabecitas. Podían haber encontrado sus motivaciones en cualquier otra parte pero fue ese juego inventado el que les permitió canalizar su demencia. El caso hizo correr ríos de tinta y provocó el estallido de la mayor y más vergonzosa campaña de criminalización contra un producto cultural por parte de todos los medios de comunicación del país. De golpe y porrazo los juegos de rol, completamente desconocidos para el público generalista hasta el momento, se convirtieron en la mayor amenaza social presente, poco menos que instrumentos que incitaban al asesinato y que convertían a cualquier joven que se relacionara con ellos en un psicópata. Poco importaron las voces críticas con esa información tan sesgada o las opiniones fundamentadas de expertos, el “periodismo” más amarillista extendió sus tentáculos y sacó pecho orgulloso de haber encontrado un yacimiento de petróleo sensacionalista en este suceso. El daño moral fue incalculable y durante mucho tiempo los juegos de rol vivieron una época de oscuridad absoluta en este país, la mera mención del tema era poco menos que un tabú social hasta el punto de que en mi caso particular he vivido múltiples situaciones muy incómodas en las que he tenido que dar explicaciones sobre mi hobby. La exposición del caso fue tan brutalmente sensacionalista que aún a día de hoy compruebo estupefacto como gente de mi entorno más cercano tuerce el morro cuándo les hablo de propuestas tan instructivas (e inocuas) como Pequeños Detectives de Monstruos.

El amigo de esta casa Bindôlin Filadut, autor del recomendadísimo blog Caverna de Rol, definió a la perfección en su divertido y mordaz artículo “Los juegos de rol y mi suegra” el estigma imborrable que persigue a los juegos de rol desde aquel lamentable suceso, mediante el concepto conocido en Derecho como “pena de banquillo”. Da igual lo equivocados que estuvieran los medios generalistas, o que se hayan confundido churras con merinas con provechoso oportunismo, la fama de los juegos de rol en este país está bautizada en sangre y esa mancha no va a ser borrada nunca.

Hoy hablo de todo esto porque durante el fin de semana ha tenido lugar una batalla campal entre grupos radicales de ultras que se ha saldado con múltiples destrozos, heridos graves y una muerte. Una auténtica barbarie. Todos los titulares y las noticias relacionadas con el suceso son correctas porque a nadie con dos dedos de frente (o sin ellos) se le ha ocurrido asociar el fútbol (el mero deporte, el espectáculo) con los actos violentos de un puñado de descerebrados. Estupendo, eso no tendría ningún sentido, pese a que no sea la primera vez que ocurre algo similar y tampoco sea ningún secreto que los grandes equipos de la primera división amparan entre sus aficionados a auténticas asociaciones criminales, que están perfectamente identificadas pero sobre las que no se hace absolutamente nada. El suceso es lamentable, la presencia de grupos de extrema derecha e izquierda organizados como hinchada de los equipos de fútbol, una lacra. Pero os invito a encontrar la noticia que hable de que los altercados han sido provocados por un “grupo de aficionados al balompié”.

20 nov 2014

a$$quake


Año 2014. La cultura popular vive sumida en una obsesión enfermiza por los culos. Más concretamente por la exposición y explotación del trasero femenino en todas sus variantes posibles (e imposibles). Diva del pop: no eres nada ni nadie en este mismo momento si no twerkeas convenientemente, que es algo así como calentar al personal meneando el bullate. El culo es la nueva teta, que dicen los entendidos y su exposición/explotación ha de ser absoluta y masiva para garantizar la colonización efectiva y sin concesiones del imaginario popular. Famosa de tres al cuarto: no eres nada ni nadie en este mismo momento sin un belfie en condiciones, etc. Así y poco a poco se van conquistando posiciones y llegamos a auténticos agujeros negros que absorben universos de tendencias enteros, como todo lo relativo a Anaconda de Nicky Minaj, un disco con, directamente, un culo de portada y con un single cuyo videoclip eleva todo esto de lo que os hablo al paroxismo y a la histeria absolutas. Nótese además su nada sutil mensaje: el video muestra una especie de demencial entrenamiento/demostración de movimientos de pandero cuyo objeto, según observamos, no es otro que hacer un twerking como está mandado al macho de turno. Sumisión disfrazada de caramelito pop de consumo masivo.