Siempre he conceptuado Mundo Alocado como refugio. En todas sus variantes espacio-temporales. Es su razón de existir, aunque también tengo que decir que no la única (algo que he descubierto hace bien poco). En este sentido, la arquitectura del bunker es, conceptualmente, muy sencilla: hay miles de millones de inclemencias fuera por lo que hay que acomodar un rinconcito survivalista, ale. Destartalado pero con un toque cute. Post-apocalipsis meets coziness. Pero eso es justo aquí y ahora, mientras doy forma a esto. Al terminar de escribir, al publicar y establecer el nexo con el exterior, hay que cerrar la puerta, seguir los protocolos de descontaminación oportunos y volver al Mundo Real™.
¿Y quién aguanta la Realidad™? Creo que no conozco a nadie y yo no voy a ser menos. Así que toca acudir a otros refugios, que afortunadamente los hay. Algunos más evidentes que otros porque lo que parece un simple libro puede tener en su interior la clave para trascender. Pueden ser etereos, liminales, imaginados... pero también hay emplazamientos físicos y tangibles destinados a curar el alma. Uno de esos lugares en los que (menos de lo que debería) he buscado cobijo es Crisi, un espacio maravilloso del que siempre salgo cambiado. Cualquier curso con Azahara Alonso me deja saturado de estímulos y con un listado de descubrimientos, recomendaciones y conexiones a investigar que hacen que me olvide de la apatía por una temporada. Fue ella quien me puso tras la pista de Mi año de descanso y relajación (2019) de Ottessa Moshfegh, que en esta casa es, ahora mismo, muchas cosas, entre otras: próxima lectura y catalizadora-quizá-responsable de que escriba de nuevo por aquí.
Lo cual me lleva a pensar en qué proceso mental ha hecho que me ponga de cebo motivador para salir de la apatía precisamente esta obra sobre el vacío existencial. De momento el libro ha ascendido a lo más alto de la pila de lectura y, cual Pokémon, está capturado y dispuesto a entrar en combate. En su pokéball particular: la propia bolsa de lectura de Crisi. Un refugio portatil para llevar siempre encima, para tomar conciencia, resistir, continuar.

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