20 nov. 2014

a$$quake


Año 2014. La cultura popular vive sumida en una obsesión enfermiza por los culos. Más concretamente por la exposición y explotación del trasero femenino en todas sus variantes posibles (e imposibles). Diva del pop: no eres nada ni nadie en este mismo momento si no twerkeas convenientemente, que es algo así como calentar al personal meneando el bullate. El culo es la nueva teta, que dicen los entendidos y su exposición/explotación ha de ser absoluta y masiva para garantizar la colonización efectiva y sin concesiones del imaginario popular. Famosa de tres al cuarto: no eres nada ni nadie en este mismo momento sin un belfie en condiciones, etc. Así y poco a poco se van conquistando posiciones y llegamos a auténticos agujeros negros que absorben universos de tendencias enteros, como todo lo relativo a Anaconda de Nicky Minaj, un disco con, directamente, un culo de portada y con un single cuyo videoclip eleva todo esto de lo que os hablo al paroxismo y a la histeria absolutas. Nótese además su nada sutil mensaje: el video muestra una especie de demencial entrenamiento/demostración de movimientos de pandero cuyo objeto, según observamos, no es otro que hacer un twerking como está mandado al macho de turno. Sumisión disfrazada de caramelito pop de consumo masivo.


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No sabría decir en qué momento estalló esta tendencia que siempre ha estado ahí (la explotación de los atributos femeninos es lo que tiene) pero que en este último año ha adquirido un cariz apocalíptico, sobre todo de manos de dos iconos que han otorgado al culto al trasero tintes mesiánicos. Hablo de la ya mencionada Nicky Minaj y de Kim Kardashian, representante tipo del pop-chicle la una y famosa-por-ser-famosa (ese cáncer que no remite), la otra. Se puede decir que ambas han aportado no un granito de arena al culto, sino una playa entera. Es interesante analizar los cómos y los porqués de su imparable ascenso, sobre todo el hecho de que en algún momento del proceso ellas (o su ejército de asesores más bien) no se han conformado con seguir la tendencia que capitaneaban, sino que han fijado nuevos y delirantes horizontes. Sólo de esta manera puede entenderse la necesidad de modificar su herramienta de trabajo para servir a la causa pues ambas cuentan con operadísimas y gigantescas posaderas, tan falsas e irreales como funcionales al efecto, algo que bien pensado es totalmente cyberpunk. Nuevos cánones de belleza a golpe de bisturí, una vieja historia que aquí arroja como resultado que Minaj parezca alienígena y Kardashian un centauro. Exceso y contundencia como ofrendas al culto, algo que no parece tan complicado de entender si pensamos aquello de que el culo es la nueva teta y que esto es otro ejemplo de un viejo mensaje que cambia de forma de vez en cuando pero que se repite con insistencia: la no aceptación del cuerpo propio sino la adecuación del mismo a los estándares (auto)impuestos por el momento. Chicas del mundo, la fama, el ser popular, el estar en la tendencia, cuesta. En este caso pasar por el taller como poco. Sin embargo, ese meneo sumiso está al alcance de cualquiera… y el único sacrificio para el ritual es aquello de la no-cosificación de la mujer y su dignidad y esas cosas. Minucias.

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Todo esto satura los medios hoy, pero esta moda caducará y el futuro (esperemos) arrojará una visión horrorizada de este espectáculo dantesco de culos incomensurables y bamboleantes. No obstante, uno se pregunta dónde está el límite de torsión de todo esto, el punto de saturación y no retorno, porque mientras escribo estas líneas compruebo como la noticia más viral de la semana pasada en-el-mundo-entero es que la omnipresente Kardashian ha exhibido su pandero aceitoso en una revista (la reacción más ingeniosa al respecto la he encontrado aquí). Como si esto fuera novedad. En esta casa somos un tanto catastrofistas y vaticinamos que vendrán tiempos peores, eso es así. No en vano nos da escalofríos leer cosas como que Miley Cyrus y otras divas del pop-chicle  no muy alejadas de las energúmenas anteriores, esgrimen la bandera del feminismo con tanto orgullo como ignorancia y oportunismo (exacto: es la nueva moda), pero sabemos que todas estas gilichorradas tan dañinas remiten. En Mundo Alocado, no se dude un sólo momento, nos oponemos a todo esto con furia paranoica.


4 comentarios :

Sr. Forfy dijo...

Por supuesto, de todo esto hay consideraciones y opiniones de todo tipo.

Quería dejar por aquí este artículo con el que no estoy nada de acuerdo pero que me ha resultado interesante: http://www.autostraddle.com/nicki-minajs-feminism-isnt-about-your-comfort-zone-on-anaconda-and-respectability-politics-251866/

Estrella dijo...

No había caído en lo cyberpunk del asunto de los culos exagerados. Y el clip de Peret es impagable.

Pero lo que mencionas un poco de pasada y que me parece verdaderamente horripilante no es ya que la noticia más viral sea la foto del culo de KK, o que ahora añadamos el aumento el trasero a las operaciones de estética, sino que todo esto va de la mano de una cultura de cosificación y sumisión de la mujer cada vez más normalizada.

¡Gracias por el artículo!

Sr. Forfy dijo...

El clip de Peret es inmenso. Como los traseros de los que habla.

Tienes razón en que lo menciono de pasada, lo grave no es la viralización del culo sino la objetificación. A mí me sorprenden bastante artículos como el que he pegado en los comentarios, en los que de forma razonada exponen que Minaj es feminista realmente en su intención. En fin. Al final, el caballo de batalla es todo eso del concepto de feminismo, un término muy sencillo que o bien no se está interpretando bien o (mi apuesta) no se está queriendo interpretar bien.

¡De nada! Observatorio Mundo Alocado a su servicio.

Sr. Forfy dijo...

Por si a alguien le interesa. O no, ya no sabe uno que pensar...

http://www.elmundo.es/album/loc/2014/12/23/54984d7de2704e9e7e8b4572.html