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11 dic 2014

Cosmic Dragon (Carlos Vermut, 2012)


Conocí a Carlos Vermut con Cosmic Dragon porque en esta casa seguimos con gran interés todo lo que la editorial ¡Caramba! se traiga entre manos. Este pequeño homenaje/broma/reflexión a costa de la obra de Akira Toriyama me demostró que Vermut conocía muy bien los tics y resortes que dieron forma a uno de los shonen más significativos del género. El hiperdramatismo, las situaciones más grandes que lo divino y lo humano e incluso esos tempos imposibles que tendían hacia el infinito en el anime estan aquí, expuestos de forma casi religiosa, como si el cómic fuera un estudio de los lugares comunes que transitaba la serie madre en vez de lo que lo que finalmente es: un puñetero chiste. Un chiste muy tonto que se le atragantará a más de uno pero que plantea más problemas morales y cuestiones de interes que el exterminio de un planeta lleno de namekianos. Y que, aunque no lo parezca, no deja de ser un homenaje respetuoso por parte de un fan.


Creo que a día de hoy hay que deconstruir Dragon Ball en estos términos, algo que estimule un poco las reblandecidas neuronas de los niños de los '90 y que les recuerde que ya tienen una edad (hombreya!). Aparte, a mí cosas como este Cosmic Dragon me resultan tan simpaticonas que pongo en el punto de mira a su autor y quedo pendiente de visionar tanto Diamond Flash como esa Magical Girl que pinta maravillosa y cuya existencia, independientemente de cualquier otra consideración, hay que aplaudir como si nos fuera la vida en ello.

26 nov 2014

Dragon Fall Ultimate Edition (Álvaro López y Nacho Fernández, 2014 [1994 edición original])


Uno cree estar muy pendiente de todas las novedades editoriales cuando, de repente, ¡sorpresa!: Dolmen está reeditando Dragon Fall. Y esta vez, en condiciones, en un formato más que adecuado que toma como base las Ultimate Edition con las que se editó la propia Dragon Ball hace unos años. La verdad es que me he quedado bloqueado al leer la contraportada del tomo y ver que han pasado la friolera de 20 años desde su publicación original. Dragon Fall es un cómic con el que tengo un inevitable vínculo nostálgico y que está unido a una época en la que la expansión del manga en España parecía no conocer límite. Era la época de Akira, de la sobredosis de anime en televisión (recuerdo con picardía los desnudos matinales de Ranma 1/2 en Antena 3 y el desfile de lencería vespertino en cualquier capítulo de City Hunter/Cazador en Telecinco), del auge de las asociaciones de manga, de Game 40 y su selección musical que hacía posible que un chaval de 12 años como yo llenara casettes con música japonesa. Y, por encima de todo lo demás, era la época del reinado de Dragon Ball, de su pico de popularidad en este país. Todo un fenómeno cultural en la España de los primeros años '90 y poco menos que una revolución en Cataluña, donde había llegado mucho antes que al resto de la Península.