21 dic. 2014

Tenemos que hablar de Los Simpson


Termina 2014 y me entero casi de pasada que Los Simpson cumplen 25 años desde su primera emisión (17 de diciembre de 1989). Sentimientos encontradísimos con una serie que ha sido parte imprescindible de mi educación cultural pero que a día de hoy no puede producirme más pereza porque lleva como, no sé, ¿15 temporadas?, viviendo de las rentas. Acercarme a un episodio de Los Simpson actual me da rabia, me hace sentir viejo, contar batallitas, rememorar tiempos mejores. Nostalgia de la mala. No puedo negar que sigo picoteando de vez en cuando buscando algo de la gloria de antaño pero desanima salir escaldado tantas veces. Eso sí, me da igual ver mil veces alguno de mis episodios favoritos. Escribo estas líneas después de ver El Flameado de Moe (emitido en 1991) y sigo pensando que es absolutamente perfecto, un clásico que es oro puro.

Los Simpson son víctimas de una continuidad estancada que no permite que crezcan ni evolucionen. Esto es algo parecido a lo que pasa en el Universo Marvel o en DC con la salvedad de que el cómic es un medio mucho más ágil para ofrecer soluciones temporales u ocurrencias diversas que mantengan el interés. Sin embargo siguen sin encontrar una solución al problema base, la existencia de relevos efectivos (relevos generacionales) para sus buques insignia. No hay un relevo para el Spider-Man clásico como no hay un relevo para Batman, aunque de vez en cuando veamos alguna intentona que pasa con más pena que gloria porque parece ser que el espectador/lector quiere que las cosas cambien lo justo para que, al final, no cambien nada.


Esto no hay continuidad estancada que lo soporte. 25 años es demasiado tiempo para que Bart siga teniendo 10 años, ya se han agotado todos los supuestos argumentales posibles que puede tener ese personaje concreto con esa edad concreta dentro de un determinado contexto. La serie juega con un concepto que también tienen en cuenta Marvel y DC: Springfield es un punto cuántico en el Universo por el que el tiempo no pasa para sus habitantes pero sí para la ciudad, para el entorno cultural que la rodea dentro y fuera de la pantalla. Esto provoca que a largo plazo cada vez se resienta más la coherencia interna de la serie porque los personajes terminan “saliéndose del personaje” es decir, actuando de manera distinta a como esperamos de ellos porque tampoco es lógico que durante todo este tiempo no hayan crecido o que no hayan pasado por las mismas situaciones mil veces. El desgaste que provoca esto temporada tras temporada es bestial.

Retrocontinuidad a cualquier precio.
Pienso que el episodio que mejor representa todo esto es El show de los 90 (emitido en 2008) que provocó las iras de los fans por introducir la retrocontinuidad por primera vez en la serie. La idea del capítulo era un tanto absurda de partida: rememorar la década de los 90 actualizando el noviazgo de Homer y Marge a esa época. Digo que la idea era absurda porque no hace falta que Los Simpson vayan a los 90: Los Simpson SON los 90. Pero lo que más escoció es que se rompió la lógica interna de la serie al cambiar la historia de la familia que ya conocíamos todos. La retrocontinuidad bien utilizada puede arreglar agujeros importantes pero es un arma peligrosa y holgazana porque supone asumir que, cómo somos incapaces de mirar hacia el futuro, vamos a enredar en el pasado y a contar historias que no alteren el status quo actual. Que los guionistas lanzaran ese mensaje era como gritar a los cuatro vientos que la serie estaba muerta porque no sabían que hacer con ella.

En este punto de la historia, agotadas todas las vías de desarrollo posibles e incapaz de dejar crecer a sus personajes y ofrecer un futuro a las tramas, lo único que le queda a la serie es juguetear. Una intro de Banksy, un episodio hecho con Lego, crossovers con Padre de Familia, muertes de personajes secundarios sin importancia alguna, algún especial de Halloween chulo… parches que en ningún caso solucionan el problema principal. Una auténtica pena.

Realmente no quiero que cancelen la serie porque para mí es como un viejo amigo al que le debo mucho pero está claro que no puede seguir así. ¿Es tan descabellado imaginar un Springfield actualizado, que vaya más allá de un simple what if, en el que Lisa vaya a la universidad y Homer se haya jubilado? Creo que el mero intento de que hicieran una temporada entera así valdría la pena. Espero no poder corta-pegar este texto en el siguiente aniversario. 

Un brindis por los viejos tiempos.

3 comentarios :

gemitxu dijo...

Tu mismo lo dices:pereza dan mucha pereza. Para mi los capítulos de ahora son intentos de hacer críticas y/o gracia sin sentido alguno,quizá se les acabaron las ideas de como hacerlo después de tanto tiempo,o quizá están cansados y no saben como terminar y entran en el bucle de la estupidez más absurda.

Sr. Forfy dijo...

Es que si no hubieran sido tan brillantes e importantes en el pasado no daría tanta rabia ahora. Tienen una falta de ideas preocupante. En cuanto a acidez los superó South Park hace tiempo y en cuanto a referencias a la cultura pop por Padre de Familia. Pero es una pena que no tengan hueco actualmente.

Yo digo que si hicieran una temporada entera con los personajes algo mayores (10 años sobre lo que tenemos ahora, por ejemplo), sería un golpe de efecto que devolvería el interés a la serie.

Gracias por comentar! :D

Estrella dijo...

Reconozco que he visto poco de Los Simpson porque casi siempre que cae un capítulo, ya lo había visto antes (y eso que, como digo, no he visto muchos). Me da la sensación de que tuvieron una época muy acertada, con capítulos buenísimos, pero que nos agarramos a ellos como si fueran toda la serie. Las primeras temporadas son aburridas y feas. Las últimas no son tan buenas como las que recordamos. No digo que no tengan ese problema de la continuidad estancada, pero creo que si pudieron superarlo entonces, que llevaban unos cuantos años, se podría hacer también ahora.

La idea que propones me parece muy interesante. Y también creo que si la serie necesita terminar, hay que dejarla y terminar con buen sabor de boca.