26 nov. 2018

No puedes vencer a Amazon (2/2)

Ya conoce usted la alegoría, astuto lector.

2017.- Primer curso escolar de la pequeña N. Me hubiera encantado comprarle sus primeros libros del cole en la librería dónde mis padres me los compraban a mí. Pero cerró hace bastantes años, como tantas otras tiendas del barrio. Entre eso y que se me echó el tiempo encima, los compré en Amazon.

Amazon ofrece un servicio de compra de libros escolares alucinante. Cuando empieza la campaña habilitan una página en la que simplemente tienes que introducir el nombre del colegio de tu hijo y el curso y, TACHÁN: el listado de libros aparece automaticamente. Con dos clicks de ratón, literales, tienes todos sus libros en el carrito. Al mejor precio del mercado y con una velocidad supersónica de envío (en mi caso los tuve en menos de 24 horas en casa).

Impecable, la perfección hecha compra. Uno de los mejores servicios que he probado en mi vida. Encima el paquete de libros vino repleto de toneladas de descuentos y chucherías adicionales de todo tipo.

¿He dicho ya que era, con diferencia, el mejor precio del mercado?

...

Era brujería, algo contranatura. Me arrepentí mucho de haberlo hecho y dije que una y no más.

2018.- Segundo curso escolar de la pequeña N. El mismo día de la recogida de notas fui con el listado de libros en papel que me habían dado a la librería más cercana al colegio. Bastantes padres tuvieron la misma idea y pasé la mañana (que me había cogido libre en el trabajo) haciendo cola. Recogida del listado por parte de la librera, anotación manual en el ordenador, anotación manual en una libreta de pedidos, pago de señal por mi parte, copia de factura y resguardo y post-it recordatorio: llame usted en dos semanas que tienen que estar los libros.

Pasadas dos semanas pude ir a recoger unos. Pasadas otras dos, otros. Y un último rezagado había tenido problemas de distribución y no llegó hasta practicamente el día antes de empezar el curso. La editorial parecía no dar mayor explicación y tocó esperar.

Llamé muchas veces a la libería durante el verano y fuí otras tantas. Hablé con otros padres: El Corte Inglés y Carrefour tenían el libro de marras, el que se hacía de rogar. Curiosamente Amazon no, pero tenían una fecha de entrega que garantizaba que iba a estar antes del comienzo de curso (de no estarlo supongo que ejecutarían a algún currito en sacrificio ritual como contraprestación Prime). La librería no estaba en condiones de garantizar nada porque la editorial tampoco es que se pronunciara al respecto, pero me tranquilizaron diciendo que en alguna ocasión tardaban pero que seguramente estaría al empezar el curso. Como lo estuvo.


Soy una persona extremadamente quejica y tiquismiquis con-practicamente-cualquier-cosa pero quisiera remarcar algo de esta pequeña historia: no me ha molestado nada especialmente de lo que os he contado. Ni hacer cola. Ni tener que estar pendiente yo de llamar para ver si tenían los libros. Ni los diversos viajes a la libreria. Ni los retrasos. Nunca dudé que tuvieran el libro que faltaba antes del curso y, de no haber estado, tampoco hubiera pasado nada. Ni tan siquiera me ha molestado pagar más, que es algo totalmente ilógico lo mires por dónde lo mires porque los libros, en sí, son exactamente los mismos.

El próximo curso volveré a encargar los libros en la misma librería. Si sigue abierta, que vete tú a saber. Esta historia es muy pequeñita, una completa chorrada si queréis pero la diferencia de experiencias que he tenido comparando las dos compras es abismal y llevaba un tiempo queriendo contarlo. Es imposible pedirle a nadie que renuncie a los cantos de sirena de un Amazon cualquiera vistas las circunstancias, así que si le tenéis algún tipo de cariño a alguna tienda de vuestro barrio (y aquí seguramente sume puntos el factor nostalgia más que otra cosa), atesorad la experiencia, disfrutadla mientras sorteais todos esos inconvenientes del primer mundo que os he listado ("¡es que encima he tenido que llamar yo para ver si tenían los libros!"), porque es un concepto herido de muerte y, lo que es peor, sin razón de existencia. Un Japón de cartón piedra desmoronándose ante los avances del monstruo indestructible.

23 nov. 2018

No puedes vencer a Amazon (1/2)

Amazon y el pequeño comercio [DRAMATIZACIÓN]

Black Friday 2018. Estarás, querido lector, en cualquier otro sitio menos aquí y oye, que muy bien, que las ofertas y el ahorrar y el yo no soy tontismo. ¿Quién quiere dar duros a pesetas? Si yo mismo acabo estas cuatro líneas y me pongo a revisar carritos-de-tiendas-online-petados-de-cosas para ver si ahorro unos euros en cosas que no necesito (pero que quiero ¡qué demonios!). La mayoría de proclamas anticonsumistas que leo estos días son correctas en la base, son necesarias, pero también caen en el moralismo, en el clasismo incluso. En la era del postureo las etiquetas de consumo responsable y apoyo al comercio local lucen de miedo detrás de la almohadilla (#) de turno. "Yo compró en el mercado del barrio y por eso soy mejor que tú, insensible, que compras en las Grandes Superficies… y POR TU CULPA VAMOS A MORIR TODOS!!!” y quizá no te falte razón pero, sosiega, cazador de likes.

Porque nada de esto está mal pero no hay que olvidar que el Sistema™ no deja cabos sueltos. No hay espacios libres de contagio en tanto que mientras te cagas en [INSERTE EMPRESA ULTRACAPITALISTA E HIJADEPUTA AQUÍ], poniéndoles una queja en su página web (“oh!”) o lanzando un tweet incendiario (“whoah!”), lo estas haciendo desde el iPhone que te compraste en el Black Friday del año anterior. ¿Hasta qué punto nos tomamos en serio la denuncia? Es un círculo vicioso y perverso en el que todas las alternativas son malas en mayor o menor medida, así que cuidado con lo de la paja en el ojo ajeno y demás porque todo depende de dónde establezcas las líneas rojas.

En mi caso personal me resulta cada vez más complicado lidiar con Amazon. Es, como digo, una decisión personal: no estoy en posición de juzgar a nadie porque consumo otros servicios o productos con compañías similares y seguramente estaré contribuyendo a destruir el pequeño comercio local, deforestación, invasiones interplanetarias, etc. Todas las cosas que, con razón, me queráis echar en cara. A veces soy más consciente del daño que hago como consumidor y otras menos pero: aquí están mis líneas rojas: no puedo empatizar con este mastodonte que fuerza al límite las reglas del juego capitalista y que ahora (encima) lo hace en la puerta de mi casa como quien dice. La ocurrencia que han tenido para este Black Friday ha sido demencial: resulta que ante la convocatoria de huelga en el almacén de San Fernando de Henares han solicitado que se persone la Policia Nacional dentro de los almacenes para impedir que los trabajadores hagan huelga.


¡Se sienten, coño!


Es una historia alucinante la mires por dónde la mires: me hace bastante gracia el brainstorming que se tienen que traer en las oficinas de Seattle para ver cómo lidian con estos españolitos que les han salido tan rebeldes. Lo próximo será el ejército, supongo. Que se lleguen a plantear hacer este tipo de peticiones (y si cuela, cuela) roza el delirio pero nos da una información muy valiosa de lo que les importa el tejido productivo y las condiciones laborales de los países en los que montan sus sedes. ¡Luego nos quejaremos de que trasladen la producción a Bangladesh!

No obstante, circulen, que aquí no va a pasar nada. Porque no puedes vencer a Amazon, ni este Black Friday ni nunca. Y aquí me dejo un asterisco para continuar este post el lunes que viene (con una historia muy pequeñita: no quiero generar expectativas a nadie).

Que ustedes lo compren bien.

20 nov. 2018

Anti-Ukulele Anthem (Andrew O'Neill ft. Amanda Palmer)

Estoy leyendo estos días La historia del Heavy Metal de Andrew O'Neill y, aparte de tenerme de lo más enganchado, va a ser el responsable de que vuelva a dejarme caer por aquí de nuevo. Me está picando el gusanillo de aporrear las teclas para hacerle una pequeña reseña, sí, que llevaba yo un tiempo sin interesarme por nada en concreto para alimentar un poco a Mundo Alocado.

El libro está plagado de fanfarria y anécdotas de todos los colores pero el autor no se queda atrás. Para muestra un (épico) botón: me da por cacharrear por su web para ver el listado de canciones que recomienda para acompañar el libro (este) y me encuentro con esta sorpresa: Anti-Ukulele Anthem, colaboración con la mitiquísima Amanda Palmer -que del tema ukulele sabe lo suyo-. Un crossover simpatiquísimo y tan acertado que resulta que os copio la letra debajo y al justificar el texto para que quede centrado tiene forma de explosión nuclear. Si esto no es una señal (de lo que sea) yo ya no se que estoy haciendo mal:


Evil multi-nation cut-throat corporations
Pretending they're not evil using twee ukulele songs
McDonald's and HSBC and carbon-burning energy companies
Convincing you that they're not cunts using twee ukulele songs
It doesn't matter what they sell, it could be a ticket straight to hell
As long as the advert's twee as fuck, with a hipster girl in a vintage frock
Or an animation of something cute, we'll overlook the obvious truth:
That you're evil and corrupt and you're raping the Earth for profit
You perpetuate the ongoing wholesale destruction of
Millions of innocent lives every day
You've fucked the climate
You hold the poor to ransom
Yours is a war against basic human dignity
But that's okay if the advert's got
A fucking ukulele